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ACCIÓN TERRITORIO

Reflexiones sobre la responsabilidad humana frente a la crisis ambiental.

  • Foto del escritor: accion territorio
    accion territorio
  • 9 feb 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 9 feb 2025

Ningún otro ser amenaza tanto el equilibrio natural como el ser humano. La Tierra se regula a sí misma. Sin embargo, la población humana, a través del consumo excesivo de agua, la explotación desmedida de los recursos naturales, la emisión de gases, el uso de productos químicos y de fertilizantes, ha logrado afectar de manera considerable el medio ambiente. De no reaccionar pronto, poco será lo que podamos hacer más adelante; es posible que ya estemos cruzando el umbral de lo permitido y el tiempo que nos queda sea menor de lo que imaginamos.



Somos parte de una generación que comienza a sentir el problema y la complejidad de la degradación ambiental, cuyas consecuencias afectarán en mayor medida a nuestros hijos y sus descendientes. En esta carrera de relevos, tenemos una inmensa responsabilidad: contribuir a corregir errores, buscar soluciones y luchar para entregar la posta sin que la desventaja frente al deterioro del planeta sea tan grande. De lo que hagamos ahora depende que las siguientes generaciones puedan continuar con éxito la prueba de la existencia, donde ya han fracasado miles de especies.

El mundo se agota rápidamente. La Evaluación de Ecosistemas del Milenio ha advertido claramente: “La actividad humana está ejerciendo tanta presión sobre las funciones naturales de la Tierra que la capacidad de los ecosistemas del planeta para sustentar a las generaciones futuras ya no puede garantizarse”.

Hay quienes afirman que cambiar la situación es imposible y se limitan a vivir el momento con indiferencia. Millones se resignan a sobrevivir en condiciones lamentables e inhumanas, mientras otros toman más de lo que necesitan. Estos últimos son como roedores que dañan el grano: hombres corruptos con corazón de despiadados burócratas, conciencia de bucaneros y espíritu de mercaderes. Ojalá dejen la comodidad de sus poltronas, asuman una posición de auténticos líderes y comprendan que aún pueden trocar sus ruinosas vidas en existencias dignas y útiles para la humanidad.




El mayor desafío contemporáneo es ser capaces de crear una cultura universal en defensa del medio ambiente y propiciar un modelo de desarrollo que sitúe al ser humano por encima de las salvajes reglas del mercado, donde prima el concepto monetarista de la utilidad individual sobre el principio del bienestar común. Un modelo que promueva la equidad como base de las relaciones entre los pueblos; que no conciba al hombre como un medio para alcanzar el desarrollo, sino como su razón, esencia y fin. Un modelo de desarrollo sustentable y bio-convivencia que armonice nuestras necesidades con el derecho a existir que tienen las demás especies, basado en el cuidado de la naturaleza y en la explotación responsable de sus recursos.

La verdadera felicidad no está en la acumulación de riqueza, sino en la grandeza de usarla para mejorar las condiciones de vida de quienes apenas subsisten. Debemos esforzarnos por preservar un mundo que solo nos pertenece durante un breve periodo, intentar modificar el legado que dejamos y comenzar a escribir otra historia.


Nota: El anterior texto pertenece al libro de Eduardo Orozco Jaramillo, próximo a publicarse titulado: “Del milagro al desastre” ©

 
 
 

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